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229 sociedades de cazadores-recolectores: repensar nuestra alimentación ancestral

Revisión de las aportaciones animales y vegetales en nuestros antepasados

Auteur : Laurent Glatz Publié : 2026-08-18 Catégorie : Nutrición carnívora

# 229 sociedades de cazadores-recolectores estudiadas: ¿y si nuestra visión de la alimentación humana estuviera completamente invertida?

**por Laurent Glatz – para Athletic Carnivore**

Durante años, se impuso una imagen muy simple de nuestros antepasados: algunos trozos de carne cuando la caza era buena, muchas raíces, frutas, semillas, tubérculos y vegetales el resto del tiempo.

Esta representación parece tan intuitiva que hoy se repite como una verdad evidente.

Sin embargo, cuando dejamos de lado la imaginación para observar los datos etnográficos disponibles, el panorama se vuelve mucho más inquietante.

Un análisis publicado en *The American Journal of Clinical Nutrition* se interesó en **229 sociedades de cazadores-recolectores registradas en el Ethnographic Atlas**, distribuidas en ambientes extremadamente diversos alrededor del mundo. El resultado merece ser examinado con detalle: **el 73 % de estas sociedades obtenían más de la mitad de su subsistencia de alimentos animales provenientes de la caza y la pesca.** Más impactante aún, **133 sociedades de 229, es decir, el 58 %, obtenían al menos el 66 % de su subsistencia de fuentes animales.**

Sin embargo, hay que tener cuidado con una cifra que a menudo se presenta mal: no es "68 a 73 % de alimentos animales". Son dos datos diferentes.

Un análisis complementario de estos datos estima la **dependencia promedio de alimentos animales en aproximadamente un 68 %**, frente a un 32 % para los alimentos vegetales. El dato del **73 %** se refiere a la proporción de sociedades estudiadas cuya subsistencia provenía en más de la mitad de animales.

Esta distinción es importante porque hace que el resultado sea aún más interesante.

No era solo una cuestión de inuit

La objeción llega de inmediato: por supuesto que los pueblos que vivían en el Ártico comían mucha carne. No tenían casi nada más.

Es cierto.

Pero los datos no se refieren únicamente a poblaciones polares.

Los investigadores estudiaron sociedades que vivían en la **tundra, bosques de coníferas del norte, bosques templados, zonas montañosas, desiertos, estepas, sabanas, zonas subtropicales y bosques tropicales**.

El entorno modificaba enormemente la relación entre vegetales, caza y pesca.

En las regiones de tundra septentrional estudiadas, la recolección representaba en promedio solo entre **6 y 15 % de la subsistencia**, mientras que la caza y la pesca dominaban ampliamente.

En los bosques de coníferas del norte, los alimentos vegetales representaban aproximadamente entre **16 y 25 %**, con la pesca ocupando un lugar principal.

En las praderas templadas, la caza podía por sí sola representar entre **56 y 65 % de la subsistencia**, a lo que se sumaban los alimentos provenientes de la pesca.

Por el contrario, las sociedades que vivían en ambientes desérticos, tropicales o ricos en vegetación recurrían lógicamente más a la recolección.

En otras palabras, no existía obviamente **una dieta ancestral universal**.

Pero existe algo mucho más interesante: cuando el entorno permitía una fuerte explotación de los recursos animales, los cazadores-recolectores generalmente los utilizaban masivamente.

Los autores resumen su análisis indicando que, cuando las condiciones ecológicas lo permitían, los alimentos animales proporcionaban frecuentemente una parte muy importante de la energía alimentaria.

73 % contra 13,5 %: el contraste más revelador

Existe una cifra aún más reveladora.

Mientras que **el 73 % de las sociedades estudiadas obtenían más de la mitad de su subsistencia de fuentes animales**, solo aproximadamente **el 13,5 % superaba ese mismo umbral con alimentos vegetales provenientes de la recolección.**

Y cuando los investigadores elevaron el umbral a al menos dos tercios de la subsistencia, la diferencia se vuelve espectacular:

**133 sociedades de 229** superaban el 66 % de dependencia de alimentos animales.

Solo **8 sociedades**, alrededor del 4 %, superaban ese nivel con vegetales recolectados.

Esto no prueba en absoluto que el ser humano sea un "carnívoro obligatorio".

De hecho, esa no es la cuestión.

Esto muestra algo más sutil: **la idea de que la alimentación histórica del ser humano fue esencialmente vegetal con un complemento ocasional de carne encaja bastante mal con esta base etnográfica.**

¿Pero qué comían realmente estas poblaciones?

También hay que evitar otro error: traducir automáticamente "alimentos animales" por bistec de res moderno.

Según las regiones, esto podía significar mamíferos terrestres, caza, peces, mamíferos marinos, aves, huevos, mariscos u otros recursos animales disponibles localmente.

Por otro lado, la fracción vegetal no equivalía a nuestro consumo moderno de harina, cereales refinados, jugos de frutas o productos industriales.

Se trata de vegetales silvestres, frutas de temporada, tubérculos, raíces, nueces y otros recursos cuya disponibilidad, composición y densidad energética podían ser radicalmente diferentes.

Precisamente por eso, comparar directamente una sociedad de cazadores-recolectores con una dieta occidental moderna usando solo las palabras "carne" y "vegetales" resulta rápidamente engañoso.

Una dieta muy variable… pero rara vez la que imaginamos

Otro estudio estimó la aportación de carbohidratos en esos mismos 229 modelos alimentarios. La dispersión es enorme: según el ecosistema, la contribución estimada de carbohidratos podía ir desde aproximadamente **3 % hasta 50 % de la energía**, con una mediana y moda situadas alrededor de **16 a 22 %**.

Esta variabilidad es esencial.

Los Hadza no comían como las poblaciones árticas.

Los grupos que vivían en bosques tropicales no comían como los de las llanuras templadas.

Las poblaciones muy dependientes de la pesca no comían exactamente igual que las que dependían principalmente de la caza.

Un análisis moderno sobre varios grupos de cazadores-recolectores confirma además esta considerable diversidad de fuentes alimentarias y recuerda que poblaciones como los Hadza, los San, los Aché u otros grupos tropicales pueden presentar perfiles nutricionales muy diferentes.

Lo que se vuelve difícil de defender, en cambio, es la idea de una alimentación ancestral uniformemente rica en vegetales y relativamente pobre en alimentos animales.

Un estudio fascinante… pero con sus límites

Hay que ser tan exigente con los datos que apoyan una hipótesis como con los que la contradicen.

El Ethnographic Atlas obviamente no pesaba cada alimento consumido diariamente por 229 pueblos.

Se trata de datos etnográficos que clasifican la dependencia económica hacia diferentes fuentes de subsistencia en intervalos relativamente amplios. Los propios autores y trabajos posteriores recuerdan que estas estimaciones necesariamente contienen un margen de aproximación.

Estudios cuantitativos más detallados existen solo para un número mucho más reducido de sociedades.

Pero aquí está lo interesante: en una revisión de **13 estudios alimentarios cuantitativos**, los alimentos animales representaban en promedio alrededor del **65 % de la energía**, frente al 35 % para los vegetales. Este resultado era relativamente cercano a la estimación promedio de 68/32 obtenida con las 229 sociedades del Atlas.

Esto no convierte las cifras en una verdad universal.

Simplemente significa que dos métodos diferentes llegan a una observación bastante similar: **en muchas sociedades de cazadores-recolectores estudiadas históricamente, los alimentos animales constituían no un complemento marginal, sino una componente mayoritaria de la alimentación.**

Y quizás ahí es donde este estudio se vuelve realmente perturbador.

Durante mucho tiempo, el debate nutricional moderno ha buscado determinar qué "debería" comer el ser humano.

La antropología nos obliga primero a plantear una pregunta mucho más simple:

**¿qué comíamos realmente cuando nuestra alimentación dependía directamente de nuestro entorno en lugar de las recomendaciones nutricionales y la industria agroalimentaria?**

La respuesta no es "solo carne".

Tampoco es "principalmente plantas".

Parece ser algo mucho más interesante: **una notable capacidad de adaptación, con en gran parte de las sociedades estudiadas una dependencia mucho mayor de alimentos animales de lo que generalmente se imagina.**

Y esta observación plantea luego otra pregunta: cuando hoy aplicamos una alimentación carnívora, low carb o más rica en productos animales, ¿es realmente nuestra biología la que presenta un problema… o es a veces nuestra forma moderna de aplicarla, nuestro nivel de actividad, nuestro sueño, nuestro estrés, nuestro historial metabólico y nuestro propio terreno?

Es precisamente ahí donde las estadísticas sobre 229 sociedades dejan de ser una curiosidad antropológica.

Nos recuerdan que una población puede informarnos sobre las posibilidades de la especie humana, pero que nunca puede determinar por sí sola lo que conviene a una persona hoy. Esta es también la lógica de Athletic Carnivore: usar la nutrición, el low carb, el deporte, la recuperación y otros parámetros como herramientas para leer el terreno y no como una regla universal.

**La verdadera pregunta quizás ya no sea: “¿El ser humano comía carne?”**

Los datos hacen que esta pregunta sea casi trivial.

La pregunta mucho más interesante es:

**si nuestra especie pudo funcionar en ambientes donde el 60, 70, 80 % o más de la subsistencia provenía a veces de animales, ¿qué cambia eso en la forma en que interpretas hoy las reacciones de tu propio cuerpo?**

**Comprender mi terreno metabólico**

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